Darle la vuelta al jamón

El otro día oí en una conversación la expresión «darle la vuelta al jamón». No se trataba de gastronomía, era algo así como «se ha acabado la mitad de nuestra vida y ahora toca la segunda mitad».

He de decir que los interlocutores peinaban canas. Calculo que transitaban ya por encima de los 50 años. Eso me hizo pensar, en un primer momento, que tal vez querían llegar a vivir como mínimo un siglo. Después, viendo la cara de tristeza, sin duda de resignación, que aquello lo vivían con cierta angustia.

Todos y todas vamos a pasar por ese momento. Todos y todas, y ojalá sea así, vamos a pasar de los 50 años. Pero no todos y todas tenemos que vivirlo con desasosiego. Veamos todo lo positivo: ya se ha superado la supuesta crisis de los 40, previsiblemente estaremos en una etapa de tranquilidad laboral y familiar, seremos más sabios…  ¿Pero seremos más felices?

Siempre he pensado que la felicidad te llega, en muchas ocasiones sin buscarla. Pero, si no es así, hay que poner de nuestra parte para alcanzarla. Cuando le demos la vuelta al jamón, desde ese mismo día, tenemos que imponernos la tarea de ser felices. Es de personas responsables.

La felicidad, la alegría, la tranquilidad, la satisfacción no pueden depender de lo que tengamos; y mucho menos de lo que no tengamos. Es una cuestión de actitud, de disfrutar de los momentos. De vivir, de darse cuenta que es más importante la gente que nos quiere y a la que queremos, que los logros que hayamos alcanzado o que podamos alcanzar.

Por eso, hay que darle la vuelta al jamón sin miedo, con ganas de seguir comiendo. Sabiendo que queda todavía mucho por cortar… y si podemos, añadir una buena copa de vino y un plato de queso.